lunes, 4 de junio de 2012
Cuando el fuego crece
y de su alma dos se hacen.
Dualidad temida, sabida.
Que de cada tres que hay,
dos mueren y lloran, negros.
Y la lección que era aprendida...
Alza de nuevo el vuelo
mirando el azul del cielo
breve destello de lo artificial, de felicidad.
Ahí estaba, muy mal guardada
la careta del dolor en el cajón
ya demasiado usada.
Se la pone de nuevo, avergonzada.
Conoce su error y vuelve.
Imagina que vale la pena, condenada.
Pero la luna la mira, asqueada.
Y ahora ya está seco
el río que la guiaba.
Pues han caído los renglones
de la hoja de su vida; perdida
vuelve, como perro a por comida.
Consumida, dolorida, ilusionada
y estafada. Se pregunta de primeras
Quién robó sus primaveras.
Pero siempre queda fuerza...
Una hoja cae del marchito árbol
a sabiendas que no es la última.
Y retoma el camino helado, elegido
y el otoño la acobarda
¿quien le devolverá el tiempo perdido?
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